La Voz de Pinares

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Opinión

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Julio Matute
05 de Marzo de  2010

El guiño del guillotinado

La historia se puede contar de mil modos, siendo la capacidad de los cronistas un elemento determinante en la transmisión de hechos, los que tanto contribuyen a explicar nuestro día a día, por encima de los inmundos revisionistas, inútiles como timbre en panteón, los que justifican sin cárcel el nazismo o cualquier forma de gran nacionalismo.

Lejos de esta corriente hay gente que mira al pasado de otra manera. Entre ellos, Javier Sanz explica una deliciosa historia relacionada con el cirujano francés, Joseph Guillotin, diputado en la Asamblea Nacional, quien recomendó el uso de la guillotina para las ejecuciones, en sustitución de los métodos más tradicionales como la decapitación con espada, el ahorcamiento o el desmembramiento; fórmulas que, con una leve variación, tan vigentes están hoy.

Y es que el uso de la guillotina se impuso por ser el método más rápido, eficaz; el minuto corto en el que había menos sufrimiento. Esta forma de humanidad fue objeto de debate y estudio con la intención de desmontar un bulo que intentaba hacerse pasar por verdad absoluta, de nuevo tal como hoy, que aseguraba que tras la brutal caída del filo sobre el cuello la vida continuaba durante segundos o, incluso, minutos.

Como pollos sin cabeza los científicos, o lo que fuesen, se pusieron al tajo para detallar el tajazo y por ello se pidió a varios condenados a la guillotina que guiñasen un ojo tras su ejecución para ver si seguían sintiendo o no.

Obviamente nunca se observó este gesto de complicidad que se demandaba de aquellos desdichados que fueron mandados sin más remilgo al cadalso.

Con el paso de tiempo nos hemos dejado de sutilezas para afanarnos en ser tuertos con tal de dejar ciego al vecino. Insensibles, más ricos y menos desarrapados, ya no hacen falta que nos maten con más o menos humanidad. Ahora, lo dice el Instituto Nacional de Estadística (INE), es el suicidio la primera causa de muerte externa en España, superando a las defunciones por accidente de tráfico, que se redujeron notablemente en 2008.

El guiño final es el de la muerte.

 
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